22 de enero de 2026
La prompstitución. El arte de externalizar tu cerebro a la IA
El diario económico El Economista, uno de los principales medios especializados en información económica y empresarial en España, publicó recientemente este artículo de opinión de David Pereira, Global Head of Data & AI de SEIDOR, en el que reflexiona sobre los riesgos de delegar el pensamiento crítico en la inteligencia artificial y el impacto de un uso excesivo de estas herramientas en nuestras capacidades cognitivas.
Probablemente ya hayan escuchado hablar de ello, pero, si no lo han hecho, permítanme presentarles un concepto revolucionario que está transformando el panorama profesional: la promptstitución. Esta innovadora práctica consiste en delegar absolutamente todos los procesos cognitivos a la Inteligencia Artificial, alcanzando tal nivel de dependencia que uno termina preguntándole a la IA si debería preguntarle algo a la IA.
La promptstitución representa la cúspide de la evolución humana: hemos pasado de “pienso, luego existo” a “la IA piensa, luego yo copio y pego”. Descartes estaría orgulloso, o quizá no. Es difícil saberlo, porque ya nadie se molesta en pensar en Descartes, cuando simplemente pueden preguntarle a un modelo de lenguaje.
Cuando la investigación confirma lo obvio
Un estudio reciente publicado en la revista Societies encontró una correlación negativa significativa entre el uso frecuente de herramientas de IA y las habilidades de pensamiento crítico. En español sencillo: cuanto más usas la IA, menos piensas por ti mismo.
Pero aquí viene lo interesante: el efecto no es lineal. El uso moderado de la IA no impacta de forma significativa. Pero si cruzamos el umbral hacia una dependencia excesiva, nuestras neuronas deciden tomarse unas vacaciones permanentes. Los investigadores lo llaman “atrofia cognitiva”. Yo lo llamo “la jubilación anticipada de la corteza prefrontal”.
Ya conocíamos el Efecto Google: ese fenómeno en el que tu cerebro decide que la información no vale la pena recordarla porque “total, está en Internet”. Pero la IA generativa lo ha llevado al siguiente nivel: ahora ni siquiera recordamos que existe información que podríamos buscar. ¿Para qué? La IA te la sirve premasticada, digerida y con un resumen ejecutivo.
Entre la eficiencia y la extinción cognitiva
Sin embargo, la comodidad de delegar el pensamiento crítico a la IA tiene consecuencias. No solo dejamos de buscar información, sino que también corremos el riesgo de aceptar sin cuestionar todo lo que nos ofrece. Las “alucinaciones de la IA” son fascinantes: la Inteligencia Artificial puede inventar datos y afirmaciones con tal seguridad que resulta difícil diferenciar la verdad de la alucinación. Además, sus algoritmos perpetúan nuestros sesgos y crean cámaras de eco cada vez más cerradas, mientras aceptamos sus conclusiones como objetivas. El plagio se ha vuelto tan sencillo como escribir un prompt, y la privacidad es una preocupación secundaria frente a la comodidad. Al final, confiamos ciegamente en una caja negra digital, sin saber realmente cómo llega a sus respuestas.
Un futuro promptstituido
Imagina el 2030. Las empresas han logrado eficiencia sin precedentes. Los empleados son básicamente interfaces humanas entre sistemas de IA. El organigrama es simple: arriba está la IA estratégica, en medio la IA táctica, y abajo los humanos que presionan enter.
Los departamentos de Talento ya no valoran el pensamiento crítico. Solo la competencia principal: formular buenos prompts. Las tesis universitarias son documentos generados al 100% por una IA, y evaluados por otra IA.
¿Rescatamos nuestro cerebro del abismo digital?
Sí, pero esto requiere algo más que buenas intenciones. La clave está en promover intervenciones pedagógicas que incentiven el aprendizaje activo y la evaluación crítica de lo que produce la Inteligencia Artificial. Pero también en fomentar un uso equilibrado donde las herramientas digitales complementen, y no sustituyan, el razonamiento humano. Y por supuesto, reforzar el pensamiento independiente mediante actividades de memoria, debate y análisis que mantengan la mente activa. Y, lo más importante, cultivar un escepticismo sistemático que lleve a verificar y contrastar la información antes de adoptarla como válida. Aunque cada medida se enfrenta a ciertas barreras, en conjunto forman un marco realista. Porque verificar lo que dice la IA exige esfuerzo, pero es necesario.
La paradoja performativa se encuentra en este mismo artículo: sí, he usado la IA para investigar y estructurar las ideas, pero no he delegado el pensamiento. ¿Es hipócrita? Quizá. ¿Valida mi argumento? Absolutamente. La diferencia está en el compromiso cognitivo activo.
¿Usamos la IA o la IA nos utiliza a nosotros?
La promptstitución no es inevitable, es una elección. La Inteligencia Artificial puede amplificar nuestras capacidades, pero también corre el riesgo de atrofiarlas si no la usamos con criterio. La cuestión no es si debemos usar la IA o no, sino cómo hacerlo sin convertirnos en extensiones de los algoritmos.
Si tienes dudas sobre la respuesta, siempre puedes preguntarle a ChatGPT, que seguramente te dará justo lo que quieres escuchar. Y si has llegado hasta aquí sin pedirle a la IA que te resuma el texto, enhorabuena: tu corteza prefrontal sigue en forma. Cuídala, que ya es vintage.
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